Patricia Augustin: una vida entre la tierra y el amor por los animales
En la chacra Los Grandotes, el trabajo comienza temprano y cada animal tiene su propia historia. Patricia Augustin pertenece a una familia de productores de varias generaciones y encontró en la crianza de gallinas de distintas razas una pasión que combina dedicación, conocimiento y afecto. Junto a su esposo Fabián Gabriel, mantiene viva una forma de vida profundamente ligada a la tierra.
Hay lugares donde la vida transcurre a otro ritmo. No necesariamente más lento, porque en el campo las jornadas comienzan cuando muchos todavía duermen, sino a un ritmo marcado por la naturaleza, las estaciones y las necesidades de los animales.
Así es la vida en Los Grandotes, una chacra de Gobernador Gregores donde Patricia Augustin conoce cada rincón y donde, entre árboles, cultivos y corrales, se escribe una historia familiar que lleva varias generaciones.
Patricia nació en el seno de una familia vinculada históricamente a la producción local. Creció rodeada de esa cultura del trabajo que se aprende mirando, ayudando y entendiendo que detrás de cada cosecha hay mucho más que una semilla plantada.
Hoy comparte esa forma de vida con su esposo, Fabián Gabriel, ambos ya jubilados. De sus cinco hijos, dos de ellos estudian Ingeniería Agronómica, una elección que parece tender un puente entre los conocimientos heredados y las nuevas generaciones. En Los Grandotes, cada integrante de la familia tiene un papel activo y la producción es mucho más que una actividad económica: es parte de su identidad.
Una pasión que nació entre gallinas
Hace aproximadamente cuatro años, Patricia comenzó a interesarse especialmente por la crianza de gallinas de distintas razas. Lo que inicialmente fue un pasatiempo se convirtió en una verdadera pasión que hoy la encuentra estudiando las particularidades de cada ejemplar, sus características genéticas, los colores del plumaje y hasta las diferencias de tamaño y tonalidad de los huevos que producen.

Cuando habla de sus gallinas, lo hace con el entusiasmo de quien encontró algo que disfruta profundamente. Conoce las particularidades de cada raza, cuáles son mejores ponedoras, cuáles tienen aptitudes para la producción de carne y cómo influyen las condiciones de crianza en su desarrollo.
“Es una afición y un hobby que he tenido últimamente. Empezamos hace cuatro años, pero hemos adquirido varias razas con mucho sacrificio, porque hay que traer los huevos, incubarlos y después armar el plantel. Es algo que me gusta mucho en lo personal”, cuenta.
Detrás de esa diversidad de aves hay un trabajo minucioso, que requiere inversión, paciencia y dedicación. Los huevos fértiles llegan desde otros lugares y son colocados en incubadoras donde Patricia debe controlar cuidadosamente las condiciones de temperatura y humedad.
El resultado no siempre es el esperado. De una docena de huevos pueden nacer apenas cuatro pollitos, porque el traslado puede afectar su viabilidad. Pero cada nacimiento representa una pequeña conquista y una nueva oportunidad de incorporar ejemplares al plantel.
“Este año creo que no descansó la incubadora ningún mes”, relata, dejando entrever la intensidad de una actividad que requiere atención constante.
Y aunque reconoce los avances tecnológicos, también destaca algo que la experiencia le enseñó: ninguna incubadora consigue reproducir exactamente las condiciones que proporciona una gallina cuando empolla naturalmente sus huevos.
Para Patricia, sin embargo, el vínculo con estos animales va mucho más allá de la producción.
“Es como cualquier animal que uno tiene en su hogar. Lo tenés que atender, cuidarlo, pero la gallina también te devuelve con su producción de huevos, con la producción de pollitos. Creo que es buena compañía tenerla”, explica.
Pancho, Chirola y otras historias
En Los Grandotes, las gallinas comparten espacio con gansos, patos y otros animales que forman parte de la vida cotidiana de la familia.
También está Chirola, el perro de la casa, y Pancho, un caballo blanco cuya historia merece un capítulo aparte.

Pancho llegó a la familia cuando apenas tenía cuatro horas de vida, nació en un camión jaula. Era tan pequeño que debieron criarlo a mamadera, alimentándolo con sustituto lácteo y brindándole los cuidados necesarios para que pudiera crecer.
Ese vínculo temprano dejó una marca que todavía hoy resulta evidente. Basta con que Patricia pronuncie su nombre para que Pancho acuda corriendo a su encuentro, con una familiaridad que recuerda más a la de un perro que a la de un caballo.
Son escenas que hablan de una relación con los animales construida a partir de la convivencia, el cuidado cotidiano y el afecto.
Porque en esta chacra, además de producir, hay tiempo para reconocer el carácter de cada animal, disfrutar de su compañía y celebrar esos pequeños acontecimientos que forman parte de la vida rural.
El trabajo que empieza antes de que salga el sol
La dedicación de Patricia no se limita a los corrales. Como ocurre en tantas chacras de Gobernador Gregores, las tareas se multiplican y cambian de acuerdo con la época del año.

El día de la entrevista, por ejemplo, la jornada había comenzado a las 6:45 de la mañana, con el trasplante de lechugas en el invernadero. Recién después llegó el momento de atender a los animales.
“Empezamos temprano”, resume con naturalidad.
Durante años, junto a Fabián desarrollaron diferentes producciones. Entre ellas, el cultivo de frutillas, una actividad que llegó a ocupar un lugar importante dentro del establecimiento.
Sin embargo, una inundación ocurrida años atrás destruyó la plantación. Fue un golpe duro para la familia, que hasta el momento no logró retomar aquella producción como la había desarrollado anteriormente.
La historia también está hecha de esos momentos. De proyectos que prosperan, de otros que deben interrumpirse y de la capacidad de seguir adelante buscando nuevas alternativas.
En Los Grandotes también han producido y comercializado bulbos, además de trabajar con hortalizas, árboles y distintas actividades de granja.
Un legado que sigue creciendo
La relación de Patricia con la producción tiene raíces profundas, pero también mira hacia adelante.
De sus cinco hijos, dos eligieron estudiar Ingeniería Agronómica. Una decisión que demuestra cómo ese vínculo con el campo continúa presente en la nueva generación, ahora acompañado por la formación universitaria.
Mientras tanto, la vida cotidiana de la chacra sigue su curso. Hay huevos que recoger, animales que alimentar, plantines que trasplantar y cultivos que cuidar.
Patricia sabe que producir exige esfuerzo y que criar animales requiere una dedicación que no entiende de feriados ni descansos. Sin embargo, cuando habla de sus gallinas, de sus particularidades y de todo lo que aprendió en estos cuatro años, queda claro que hay algo que hace más llevadero ese trabajo: el placer de hacerlo.
En una localidad cuya historia está profundamente ligada a la actividad agropecuaria, Los Grandotes representa una de esas experiencias familiares donde los saberes se transmiten de generación en generación.
Y donde el amor por el campo también se expresa en gestos sencillos: una incubadora que vuelve a llenarse, el cuidado de un pollito recién nacido o un caballo blanco que corre cuando escucha que Patricia lo llama por su nombre.
Fuente: Secretaría de Estado de Comunicación Pública y Medios / Subsecretaría Gerencia de Producción y Contenidos.