La iniciativa se centró en la implementación de una "jornada silenciosa", donde se adaptó el entorno físico y la dinámica profesional para garantizar una experiencia previsible, segura y accesible. Mediante una planificación previa, se asignaron turnos cada media hora y se entregó a las familias material visual con fotos del personal y de las instalaciones, permitiendo que los pacientes pudieran anticipar el encuentro y reducir niveles de estrés o ansiedad.
Durante la actividad, el equipo de salud adoptó medidas estrictas de cuidado sensorial, como el uso de calzado silencioso y la vestimenta idéntica a la mostrada en las fotografías para facilitar el reconocimiento. El hospital fue señalizado con pictogramas en áreas clave como admisión, enfermería y consultorios, además de contar con espacios equipados con pisos de goma y rincones de juegos sensoriales coordinados por psicólogas y agentes sanitarios. El personal se identificó con el símbolo del autismo, reforzando la coherencia visual y el compromiso institucional con la sensibilización sobre esta condición.
La cobertura médica incluyó servicios de odontología, fonoaudiología, audiometrías, electrocardiogramas y vacunación a demanda. Además, médicos generalistas, enfermeros y una trabajadora social brindaron atención clínica y asesoramiento para la gestión del Certificado Único de Discapacidad (CUD). Como cierre de esta propuesta de salud humanizada, cada participante recibió un presente en reconocimiento a su colaboración, consolidando un entorno de contención y respeto por los tiempos y necesidades de cada familia.