Aunque ocupan una superficie reducida, estos ecosistemas cumplen un rol estratégico como reservorios de agua, reguladores hidrológicos y refugio de vida silvestre, sosteniendo procesos ecológicos esenciales para el equilibrio del territorio.
En el parque se destacan los mallines El Cuadro y La Horqueta, praderas húmedas que concentran el agua de lluvia y del escurrimiento superficial, favoreciendo suelos más fértiles y una vegetación característica dominada por juncos, ciperáceas y gramíneas. Estos ambientes brindan alimento, refugio y sitios de reproducción para numerosas especies, entre ellas la ranita de cuatro ojos, los singulares crustáceos notostracos, diversas aves palustres, como la gallineta chica, especie en peligro de extinción y un pequeño marsupial poco conocido, la comadrejita patagónica.
Asimismo, el parque alberga lagunas temporarias ubicadas en bajos sin desagüe, que se inundan principalmente durante el invierno y la primavera. Entre las más importantes se encuentran Laguna Grande y El Baldío, fundamentales para aves acuáticas y fauna adaptada a la dinámica hídrica estacional. Estos cuerpos de agua funcionan además como sitios de parada, alimentación y refugio para especies migratorias como chorlitos, cauquenes, patos y flamenco austral.
Desde la gestión ambiental, guardaparques y equipos científicos realizan monitoreos periódicos de fauna y censos de aves acuáticas, generando información clave para fortalecer su conservación y manejo.
Los humedales pueden ser pequeños en extensión, pero son enormes en biodiversidad y servicios ecosistémicos. Protegerlos es proteger el agua, la vida y el patrimonio natural de la Patagonia.